lunes, 21 de agosto de 2017

REINO DE NUBES - CAPITULO 7. ADIÓS. LO SIENTO.

Por el pasillo se oían las voces de algunos guardias. Liro permaneció sentado en el montón de paja mientras respiraba hondo y agudizó el oído para oírlos.
-          En unas horas, vamos a ejecutar al príncipe Liro. ¿Crees que de verdad asesinó a su padre? –Le decía uno a otro mientras caminaban.
-          Seguramente, ¿por qué si no iba la Reina a condenarle?
-          Porque si no, él sería el príncipe regente, y ella no sería la Reina, podría ser por eso, ¿no? – En las palabras de los dos guardias había una notable inocencia que yo mismo había perdido ya.
-          En todas formas, menos mal que no nos toca el turno, no soportaría ver la muerte del joven príncipe.
Los dos guardias terminaron por alejarse hasta que sus voces se hicieron inaudibles. Liro se sintió agradecido de que al menos albergaran la duda, habían supuesto su inocencia. Pensó, que aún había gente que era fiel a su padre, que no se habían rendido ante Delica.
-          Gracias – Susurró poniéndose en pie hacia la puerta. Esperaba que le oyeran, pero, sabía que eso era imposible.
En los mismos calabozos, un hombre con una capucha estaba afilando un hacha. El mismo General había pedido ser el ejecutor de Liro, pero, por el puesto que ocupaba no podía hacerlo. Así que, eligió a un guerrero fiel a la Reina para que hiciera el trabajo.
Fueron asando los segundos, los minutos e incluso alguna hora. La agonía de estar ahí cerrado, impotente, frustrado, sin poder hacer nada, ya había podido con Liro que se había puesto en pie y se había echado hacia atrás mirando por la ventana el sol. Pensaba que era reconfortante verlo antes de morir.
Recordó como jugaba con su padre, cuando paseaban a caballo. Pasaron por su mente todos los buenos momentos que había pasado en el palacio y, el entrenamiento con Zaëron, había sido duro, pero ahora echaba de menos tenerlo cerca, aun con su traición, le echaba de menos.
-          Te recordaré siempre Zaëron – Dijo más para sí mismo, pero mirando hacia el sol. Trataba de una forma desesperada de que le llegara el mensaje, aunque sabía que era inútil. Comenzó a llorar otra vez sacudiendo la cabeza.
-          No hace falta, estaré cerca de ti. Soy tu guerrero protector ¿recuerdas? – La voz de Zaëron se hizo sonar por la celda desde la ventana.
Liro abrió los ojos sorprendido al oírle, contuvo la respiración y se posicionó para poder ver por la ventana. Era increíble, ahí estaba Zaëron. Parpadeó varias veces incrédulo, pensó que quizás su mente le estaba causando una mala jugada debido al cansancio.
-          Apártate un poco Liro – Dijo y sacó su espada mientras pronunciaba un conjuro. Después cortó por la pared un agujero por donde cogía Liro. Entro la mano y  cogió con esta la ropa de Liro sacándole de ahí. Con la misma espada partió las esposas que le sujetaban las manos a la espalda y empezó un hechizo curativo que pronto había restituido las heridas y el cuerpo de Liro.
Liro durante ese tiempo disfruto del contacto de Zaëron, a pesar de que había sido él quien le había traicionado, le había echado de menos. Abrazó a Liro con mucha fuerza. Liro no fue capaz de decir ni una sola palabra, apoyo la mejilla en el pecho del opuesto y se dejó abrazar sin llegar a corresponder.
Zaëron después se separó, le tomo en sus brazos y salió por el agujero que había hecho en la pared. De pronto, el cielo empezó a nublarse otra vez y se fijó en Liro, que estaba mirándole aun incrédulo.
-          ¿Por qué me traicionaste? – Le dijo sin cambiar su gesto. Se había cogido con las manos a la camiseta del otro a la altura del pecho y luchaba por contener las lágrimas, sin darse cuenta de que empezaba a llover.
-          Liro, no hay tiempo para eso – Zaëron le miró a los ojos, con esa mirada seria que en otro momento hubiese congelado a Liro, pero que en esta ocasión no tuvo efecto.
-          Tienes que decírmelo – Sus palabras seguían siendo susurros sin fuerza. Liro le sostuvo la mirada mientras derramaba aún una lágrima.
-          Liro, soy tu Guerrero, confía en mi – Siguió con la mirada puesta en los ojos de Liro.
Al final, fue Zaëron quien se quedó congelado. Los dos estaban ya calados por la lluvia que caía. Dejó a Liro en el suelo y entonces silbó. Al momento apareció una pantera aún más grande ante él y con una silla de montar puesta sobre el lomo. Liro se sintió aliviado al comprobar que Llena estaba bien. Zaëron coloco a Liro en la silla de montar y luego se subió tras de él haciendo a Llena avanzar.
Zaëron puso una capa negra sobre Liro y la envolvió en esta para intentar que pasara desapercibido aun montando sobre su guardiana. Pero al ir hacia la entrada del castillo los guardias ya estaban cercados y amenazantes con las espadas apuntando hacia ellos.
-          Vaya, vaya. Si el príncipe ha logrado escapar – Intervino Ima avanzando entre los guardias con su espada desenfundada.
Liro se encogió entre los brazos de Zaëron. El viento empezó a soplar con fuerza, y la lluvia se hizo más intensa. Algunos truenos retumbaron desde las nubes. Zaëron cerró los brazos sobre él intentando tranquilizarlo.
-          ¡Apresadles, a los dos! Matad a los traidores si es necesario – Gritó el General Ima en una orden directo a sus guardias que ahora corrían directos a nosotros.
-          Vamos. ¡Marchaos! – Dijo Zaëron saltando de encima de la pantera. Se adelantó poniéndose entre el camino de los guardias que se acercaban a nosotros. Lanzó un hechizo de fuego a través de su arma que nos rodeó en Llamas.
Liro se quedó quieto sobre el lomo de Llena cogiéndose con fuerza a la silla de montar que llevaba para sujetarse.
Ima comenzaba a controlar las llamas de Zaëron, que se lanzaron ahora contra él. Pero antes de que le golpearan, Liro alargó su mano asustado y un rayo cayó frente a Ima, desconcentrándolo. Zaëron pudo volver a tomar el control de las llamas  y lo lanzó contra los guardias que se tiraron a la vez a los lados para esquivar el ataque.
Liro dio un suave golpe con los tobillos a Llena como habría hecho con un caballo haciéndola avanzar hasta ponerse al lado de Zaëron. Estiró la mano y se la ofreció serio a él.
-          ¡Vamos sube! – Gritó Liro para hacerse oír por encima del viento.
-          Tenías que haberte ido sin mí – Replicó mientras le sujetaba la mano para ayudarse a subir a Llena. Pasó los brazos por la cintura de Liro y se sujetó a Llena.
Los guardias se pusieron también firmes apuntando con sus espadas a Llena que retrocedió mirándolos. Ima soltó una carcajada desde su posición tras los guardias. Liro volvió a temblar con los ojos entrecerrados algo asustado. Zaëron lanzó otro hechizo hacia ellos moviendo a los guardias a los lados para dejarse paso.
-          ¡APARTAOS! – La voz de Liro se alzó sobre el viento. Se sujetó a Llena y le indicó que avanzara.
Alrededor de ellos se formó un viento huracanado, comenzaron a caer a su alrededor rayos mientras seguían avanzando hasta los guardias. El viento lanzó a los guardias a los lados dejando solo a Ima frente a ellos que les miraba desafiante aguantando en pie.
-          No te volverás a escapar Príncipe – Le miraba desafiante moviendo la espada para cortar el viento – Voy a volver a humillarte y torturarte delante de tu pueblo hasta que no puedas ni andar.
Liro le miró aterrorizado, se pasó una mano por el cuello donde aún tenía la marca de la cadena que le habían puesto y tragó saliva asustado. Ima lanzó un rayo de fuego que se dispersó por el viento que ahora rugía aún más fuerte que antes. Zaëron se sujetó a Liro para que el viento no se lo llevara. Liro respiraba agitado, el viento se hacía más fuerte a su alrededor, se estaba descontrolando. Llena volvió a avanzar.
Al verse más cerca se echó hacia atrás pegándose a Zaëron, entonces otro rayo cayó golpeando a Ima en el pecho lanzándolo unos metros hacia atrás. Zaëron tomó el mando de Llena que empezó a correr hacia la puerta saliendo de aquel palacio internándose en el bosque. Los guardias se reunieron con Ima para ponerle en pie socorriéndolo.
Zaëron se agarró a la cintura de Liro cuando este tomó el mando de Llena, le acariciaba por esta y había terminado por colocar los labios en su pelo con los ojos cerrados. Estaba disfrutando notando como fluía la energía hacia sí mismo a través del contacto de Liro
Después de un tiempo llegaron al lago de Liz. Liro fue el primero en bajar de Llena y se inclinó sobre el lago cogiendo con sus manos algo de agua que después bebió, repitiendo lo mismo varias veces hasta saciar su sed. Zaëron se bajó y de un sacó consiguió algo de comida, un trozo de carne que parecía recién cocinada.
-          Liro, sé que no has comido estos días – Le ofreció el trozo poniéndose cerca respirando hondo. Se sentó a su lado en el suelo mientras le sonreía.
-          ¿Está envenenado? – Liro le miró inseguro presionando los labios echándose hacia atrás. Le había echado de menos, pero, no podía olvidar que le había traicionado.
Zaëron no dijo nada, pero agachó la mirada a sabiendas de que se merecía lo que le acababa de decir. Liro ofreció su mano y le puso la comida en esta. Lo llevo a su boca cuando lo tuvo en la mano y comenzó a comer, estaba delicioso. Llevaba algo de manteca y la carne estaba muy hecha, hacía tiempo que no comía algo tan delicioso.
Se incorporó y lo empezó a comer de forma ansiosa hasta que terminó, relamiéndose las manos después. Zaëron le miraba y entonces le ofreció otro trozo de carner con una sonrisa que Liro cogió, volviendo a repetir el ritual para devorarlo. Llena lo vió y se acercó lamiéndole por la mejilla.
Cuando terminó de comer, Liro se abrazó a ella con los ojos cerrados apoyando la frente en la cabeza del animal poniéndose en pie. Se giró después y se miró en el reflejo del agua. Todavía tenía la marca de la cadena, acarició con la yema de los dedos por ésta.
-          Lo de antes – Empezó Zaëron mientras miraba a Liro respirando hondo – Yo nunca te envenenaría Liro.
-          Tampoco me entregarías, ¿otra vez? – Se giró y le miró directamente a los ojos – Zaëron.
-          Te torturaron. Lo sé. Te humillaron – Le miró directamente. Su rostro estaba desfigurado por la rabia – Créeme, tuve que luchar contra mí mismo para contenerme y no salvarte en cada momento que te veía.
-          ¿Por qué no lo hiciste? – Le miraba Liro ahora dejando salir una lágrima – Lo he pasado mal. Nunca pensé que lo podría pasar tan mal.
-          Solo, puedo decirte que era necesario – Zaëron desvió la mirada hacia Llena que estaba mirándolos a los dos – Pero mira lo que hiciste antes, eres muchísimo más fuerte que nunca. Hemos escapado gracias a ti.
-          No sé cómo lo he hecho – Admitió mientras respiraba hondo. Se giró hacia Llena y se apoyó en ella – Ni si quiera sé lo que debo hacer ahora, deberíamos seguir alejándonos de aquí – Le miró serio de reojo cerrando los ojos.
-          Es cierto, pero primero tenemos que prepararnos para el viaje.
-          ¿Qué tenemos que preparar? ¿Tienes un plan? – Le miró y se cruzó de brazos emitiendo un sonoro suspiro, parecía algo frustrado.
Zaëron se dio cuenta del gesto y se quedó mirando a Liro. Sabía que tendría que darle una explicación. Desvió la mirada hacia Llena que sacudió la cabeza en un gesto que parecía que estaba negando, arrancándole un suspiro.
-          Liro confía en mi – Le miró respirando hondo – No voy a dejar nunca más que nada te haga daño.
-          No puedes prometer eso.
-          Pero lo hago Liro, confía en mi – Le sujeto una mano mientras le miraba a los ojos serio. Pero la Luz que había en Liro estaba algo difuminada por la tristeza que le transmitía su mirada.
-          Está bien – Terminó Liro mientras respiraba hondo.
Los dos se siguieron mirando en un silencio demasiado incómodo. Liro le miraba, Zaëron correspondía, mientras Llena hacía de soporte para Liro cuyas piernas le temblaban. Entonces la pantera rugió mientras intentaba llamar su atención.
Liro apartó la vista de Zaëron y la dirigió ahora a Llena que miraba hacia el bosque. Agudizó un poco la vista, apreciando varias figuras que se movían por el bosque.
-          La guardia – Supuso rápido mirando a Llena que asentía con la cabeza.
Liro se subió sobre el lomo de la pantera ofreciendo la mano a Zaëron que la tomó para subirse a su espalda. Se abrazó por la cintura de Liro mientras le acariciaba por esta. Liro se apoyó en el mientras respiraba hondo.
-          Llena – Dijo Zaëron que tomó otra vez las riendas haciendo que avanzara hacia el agua.
Liro que observaba los movimientos se sujetó con fuerza al ver que Llena se hundía en el agua. Pero de pronto se alzó sobre ésta empezando a correr por encima de la superficie. Zaëron también sujetaba a Liro por la cintura.
Al poco tiempo ya estaban en la otra orilla. Miraba al cielo mientras veía como se iba aclarando por las nubes, dejando paso a un sol brillante, cálido. El tipo de sol que siempre le gustaba y reconfortaba cuando estaba triste.
Siguieron cabalgando en silencio sobre Llena hasta que llegaron al claro en la cabaa. Al verla, Liro sonrió comprobando que todo estaba igual, pero pronto, recordó como Ima le había sacado de ahí esposado mientras Zaëron lo miraba y sacudió la cabeza, estaba horrorizado.
Esta vez fue Zaëron el primero en bajar del lomo de Llena, pero Liro permaneció sobre ella siguiendo a Zaëron con la mirada cuando se dirigía al interior de la cabaña. Liro hizo a Llena avanzar hasta la puerta mientras se asomaba por la puerta respirando hondo. Terminó bajando de ella mientras le acariciaba con una mano por el pelaje.
-          Vamos entra – Le dijo Zaëron desde el interior – Tenemos que prepararnos.
Desde el interior se oía ruido de los pasos de Zaëron yendo de un lado a otro cogiendo cosas guardándolas. Liro se atrevió a entrar en la cabaña mientras Llena se asomaba por la puerta. Zaëron parecía que estaba lleno de energía de pronto, y estaba sonriendo.
“¿Me estará ocultando algo?” Se preguntó a si mismo Liro mientras le seguía con la mirada sin estar seguro aún de lo que debía hacer. No estaba seguro de que iba a acompañarlo, además, aún no le había contado su plan. Zaëron se acercó y le tomo de la mano volviendo a ponerse sobre una rodilla frente a Liro. 
-          Mi Liro. La otra noche, cuando íbamos a huir realicé un conjuro de sueño sobre ti. Los guardias estaban ya rastreando la luz que habías emitido. Hice sobre mí mismo un conjuro de ilusión, este no funciona sobre otros descendientes de la Luz, por eso tú pudiste reconocerme pero ellos no. Fui al encuentro de ellos y les avisé de dónde estabas. Vi todo lo que te hicieron, la ira me comía por dentro – Miró a Llena respirando hondo, no quería mentirle – Llena me sujetó en alguna ocasión para que no te rescatara – Zaëron hablaba mirando ahroa hacia abajo sujetando su mano con fuerza. Permaneció unos segundos callado – Tenemos un poco de tiempo ahora, no creo que vengan aquí a buscarte, pero, tenemos que seguir el plan.
-          ¿Qué plan? ¿Qué se supone que vamos a hacer? – Liro apartó la mano lentamente – La Reina Lara me dijo que confiara en ti, pero, ¿por qué no me rescatasteis? ¿Por qué no nos enfrentamos a Delica si estábamos ahí?
-          Era parte del plan, Liro – Zaëron sacudió la cabeza mientras seguía mirándole con los ojos entrecerrados – Te tenían que pillar y llevar hasta la corte, sabía que dirías que tú eres inocente, porque también me lo dijiste a mí. Ahora mismo hay muchos nobles de la corte que quieren apoyarte a ti como heredero del trono y no a Delica. Es más, muchos están preparando una rebelión en tu nombre.
>>Además de que esto nos favorece en la huida, también hay gente del reino de Milos que te apoyan a ti como futuro Rey de ese reino – Respiró hondo mirando abajo recordando que era el mismo el que debía ser Rey – A mí no me importa cederte mi sitio en el trono.
-          Entonces, ¿ahora vamos a visitar a los nobles que me apoyan como rey para pedirles ayuda? – Le miró Liro sin entender el plan del todo.
-          Algo parecido – Zaëron se giró y siguió buscando por los armarios que había en la casa cosas para llevarse – Primero, vamos a ir a Marin, sus reyes fueron avisados de mi nacimiento y del tuyo. Ellos son aliados de Milos así que nos ayudarán en la guerra.
Liro pareció meditar por el plan un segundo apoyando la espalda en la pared al lado de la puerta hasta que al poco tiempo emitió un suspiro. Dio un paso adelante y Zaëron se paró mirándole.
-          Zaëron – Comenzó, estaba algo decaído – Si han encontrado a todos los descendientes de Lumina, ¿qué te hace pensar que no han hecho lo mismo con los descendientes de Ramio?
-          ¿Por qué piensas eso?
-          Porque según la tradición, Craotu era enemigo de Ramio, Lumina era su amada. Si de verdad están cazando a los descendientes de Lumina, ¿por qué no los de Ramio? ¿Cuándo vas a llegar al bosque dorado? ¿Tú no tienes que pasar por lo mismo que pasé yo? – Tenía tantas dudas, su mente era un completo Lio.
-          Cuando haya un eclipse de sol será el momento en el que yo pueda acceder a todo mi poder, entonces me encontraré con mi padre – Le dijo con tranquilidad negando – El otro día, no pasó eso porque fuera tu cumpleaños, había un eclipse de Luna, es el momento en el que Ramio y Lumina tienen intimidad, y se da paso a todos los descendientes de Lumina a su lago de plata. Cuando sea el del sol, todos los descendientes de Ramio iremos al bosque dorado.
-          ¿Y si no tenemos el apoyo de nadie?
-          ¡No puedes rendirte! – Gritó Zaëron reprochando su comportamiento. Tomo la mano de Liro con fuerza haciendo que le mirara.
-          Pero la oscuridad es más poderosa que nunca, son muchos – Se echó un poco hacia atrás – Sé que es culpa de mi padre, y mía por haber estado tanto tiempo sin hacer nada.
-          No dejes que todos mueran en vano – Negó despacio y le cogió del mentón – Lumina era la diosa de la esperanza, ahora tú tienes sus armas, eres la persona más poderosa que hay en Zatsuei. Si alguien puede cambiar el destino, eres tú.
Liro llevo la mano a la espada que estaba en su espalda y la cogió sosteniéndola en su mano derecha un momento. Se fijó mejor en esta, la encontró preciosa, se preguntó si era de plata, tenía estrellas en relieve en la empuñadura. La hoja estaba tan a filada que su filo parecía transparente. Tampoco olvidó sus ropajes, que por donde cubrían no había sufrido ningún daño a pesar de los golpes. Los objetos como la corona o el collar, habían estado fijos pegado a su cuerpo, nadie se había atrevido a tocarlos.
-          Recuerda cómo has atacado a Ima, tú solo. Yo confío en ti – Zaëron se adelantó y se atrevió a acariciar la mejilla de Liro con una de sus manos mientras clavaba su mirada en sus ojos.
Liro solo movió la cabeza de arriba abajo. Tomo aire con fuerza por la nariz estirando un poco los hombros y luego le miró sonriendo. Se había decidido a participar en la guerra, Zaëron después de todos, había sido muy convincente, había hecho que tuviera fe en sí mismo.
-          ¿Entonces vamos a Marin?
Liro se giró hacia Zaëron poniéndose más recto, casi firme. Estaba dispuesto a cualquier cosa y quería que él lo notara. Zaëron el miro con una sonrisa de aprobación y se acercó hacia las cosas que había estado sacando. Le mostró un mapa de Zatsuei señalando donde estamos.
-          Nosotros estamos aquí, en Liz. Si seguímos andando por el bosque podremos llegar hasta Bari, y a través de este llegaremos a Nemuri – Siguió señalando el camino que iban a seguir.
-          Nemuri, ¿no es el bosque de las hadas? – Liro se acercó y ahora miraba el mapa sonriendo levemente.
-          No es todo. Las hadas fueron una creación conjunta de Lumina y Kriotio, ahí está el Reino de las Hadas. Además, es uno de los bosques más bellos, frondosos y delicados – Sonrió y señaló como el bosque llegaba hasta la frontera con Marin – Cuando lleguemos a Marin podremos dejar de ocultarnos. Entonces buscaremos a los reyes de Marin.
-          ¿Cómo haremos para que nos reciban los Reyes? – Preguntó Liro mientras seguía observando el mapa – Cuando estaba aprendiendo como dirigir el reino, me enseñaron que era muy difícil aceptar a desconocidos entrar, y menos sin vigilancia.
-          Tengo el sello real de Milos, además, a ti te buscan por todo este reino y seguramente sepan de ti en los demás. Llevas los símbolos de Lumina. Seguro que te recibirían.
-          No me hace mucha ilusión que sepan de mi por ser el asesino de mi padre. No lo maté y ahora voy a tener esa fama – Susurró y terminó riendo levemente con amargura.
Zaëron guardó el mapa entonces en el sacó y ofreció un cinturón plateado a Liro. Lo cogió y se lo puso a la cintura para después poner en este la espada con la fonda. También le ofreció un chaleco marrón oscuro y unos pantalones similares.
-          Sé que con la ropa que llevas no necesitas armadura, pues eso es más resistente. Pero es difícil pasar desapercibido, así que, con esto puedes cubrirlo.
Liro asintió. Se había dado cuenta de que la ropa que llevaba solo era apta para él. Se ajustaba a su cuerpo y le protegía, como si tuvieran vida propia. Se quitó entonces los pantalones y los dejó a un lado mirándolos con curiosidad. Zaëron entonces se dispuso a recogerlos, pero no pudo. La ropa parecía que se había fusionado al suelo. Liro entonces las cogió, para su sorpresa, ante su tacto volvían a ser ligeros y se dejaban manejar.
Liro se volvió a colocar los pantalones poniendo bien el cinturón y guardó los oscuros negando un poco.
Zaëron guardó comida en un saco, bastante como para llenar la mitad y cerró este. Cogió otro y puso dos mantas y algo de ropa para los dos junto con bastantes monedas que llevaba. Al ver las monedas, Liro no pudo evitar sentir una leve punzada en el pecho. Esas monedas las había ganado con la tortura que había sentido.
El resto las guardó bajo una tabla del suelo que había algo suelta y después lanzó un hechizo para fijarla al suelo emitiendo un leve suspiro.
-          Algún día volveremos Liro – Le miró, más que una afirmación, era una especie de deseo.
Zaëron entonces se alejó hacia la puerta y Liro le siguió con la mirada. Cargó los sacos en llena a los lados de la silla de montar que le había colocado y los aseguro con fuerza.
-          ¿De dónde has sacado la silla? – Dijo cuándo se fijó en esta a pesar de haber estado montado sobre ella.
-          Era de la guardiana de mi madre – Había contestado Zaëron – Se llamaba Gris, era preciosa.
Esta vez Zaëron se montó primero sobre la silla de Llena, después le ofreció una mano a Liro que la tomó para subirse delante de él. Se cogió con fuerza entonces a la silla y respiró hondo mirando el bosque que se extendía delante de ellos.
-          ¿Estás preparado Liro? – Dijo Zaëron a la vez que pasaba las manos por su cintura para sujetarse también a la silla de montar.
Liro solamente asintió despacio, se echó un poco hacia atrás pegando la espalda al pecho de Zaëron. Estaba algo asustado, pero sabía que podía confiar en Zaëron.
-          ¿Recuerdas el hechizo para apartar las ramas? Si lo haces iremos más rápido.
-          “Ninux vora” – Asintió realizando el hechizo, los ojos de Liro se iluminaron con un tono verdoso. Los arboles parecían moverse rápido apartándose del camino de los dos.
Zaëron fue quien tomó el mando, golpeó con los talones suave sobre Llena que entendió el mensaje al momento y comenzó a avanzar de forma veloz entre el camino que se abría ante ella.

Los tres avanzaron seguros, sabían cuál era su misión, y ahora más que nunca, estaban decididos a cumplirla. Vencerían a la oscuridad.

jueves, 10 de agosto de 2017

Nuestra primera cita [YuWin NCT]

Estaba sentado frente a su portatil en la cama, tenía las piernas cruzadas y unos auriculares puestos. En sus ojos se reflejaba la partida que estaba jugando, muy concentrado, y con sus labios algo arqueados hacia arriba. Iba ganando.

Por la puerta entró su compañero de cuarto, Yuta. Estaba sudado y llevaba ropa de hacer ejercicio y una toalla en el cuello. Pero Winwin no se dio cuenta de su presencia, estaba deseoso de poder superarse a si mismo en aquella partida.

- Voy a ganar - Susurraba entre dientes mientras se pegaba hacia la pantalla arqueando un poco más la espalda.

Yuta lo miró y sonrió con malicia, había planeado al momento como fastidiarlo. Se puso por detrás suya y le puso las manos en los ojos dando un beso en su mejilla. Winwin se quitó al momento los cascos y le apartó las manos de los ojos gruñendo.

- ¡¡BASTA!! - Gritó mientras miraba a la pantalla justo a tiempo de ganar la partida y le miraba de reojo suspirando- Idiota, podría haber perdido. - Puso morros y termino dejando el ordenador a un lado - Además, estás sudado.

Yuta se apartó sonriendo mientras se pasaba la toalla por la cara quitándose los restos de sudor de su cara. No podía quitarle la vista de encima a Winwin, su aspecto algo desaliñado y desarreglado después de haber estado casi todo el día en el ordenador, le gustaba. Le gustaba verlo arreglado, pero así le gustaba más, porque era algo que muy pocas personas podían ver.

Winwin le miró y cogió de la cama un pocky de chocolate blanco poniendoselo en la boca mientras lo comía.

- ¿Cómo estás Osaka-man? - Cogió el pocky en la mano mientras le miraba poniendo morros- Ni si quiera te has disculpado.

Alzó una ceja y se quitó la camiseta aprovechando para marcar sus músculos mientras le miraba, trató de mirarle de forma seductora, quería sacar partido de sus ojos, quería provocarle. Winwin solo le miraba, parecía que no tenía ningún tipo de interés y a Yuta le molestaba su actitud.

- Pues estoy cansado, y tengo ganas de que alguien me dé un masaje por mis pectorales y mi espalda - Alzó las dos ceja sonriendo mientras miraba al menor.

- ¿Por qué no vas a un local de masajes? - Contestó este mientras terminaba de comerse el pocky que tenía en la mano.

- ¿No estás tu deseando darme uno? - Alza una de sus cejas mirándole de aquella forma en la que sabía que sus fans caían enamoradas. Pero, que parecía que Winwin era inmune.

- Hyung ya sabes que yo no sé dar buenos masajes - Dijo esto poniéndose en pie y estiró los brazos hacia atrás para desentumecerse - La verdad, que ahora me apetecía simplemente seguir comiendo.

En ese momento Mark entró también a la habitación con sus otros dos compañeros. Los tres compartían cuarto, pero era raro que los tres coincidieran incluso para dormir. Así que sonrió ampliamente a sus otros dos compañeros moviendo una mano a la altura de su cara de un lado a otro.

- ¿Reunión de compañeros y no me avisais? ¿O es que planeáis tener una cita? - Dijo Mark mientras le daba con cierta picardía a Yuta golpecitos con el codo en su brazo.

Yuta al momento frunció el ceño y le cogió con un brazo al rededor de su cuello para después frotar sus nudillos contra su cabeza mientras que Winwin se echaba a reir.

- ¿Qué estás hablando de una cita? - Le terminó regañando Yuta mientras lo tenía en esa posición.

Mark que no paraba de quejarse entre risas triunfantes por haber conseguido molestarlo, movía las manos de un lado a otro en señal de rendición.

- Solo bromeaba solo bromeaba, para o me dejarás calvo.

- Entonces deberías seguir Hyung - Salió Winwin por uno de sus lados - Yo creo que Yuta nunca ha estado en una cita y que no sabría lo que hacer.

Yuta soltó a Mark y se quedó mirando a Winwin con el ceño aun fruncido. ¿Pero qué era eso? ¿A caso sus dos compañeros se habían compinchado para picarle? La situación le parecía demasiado molesta como para seguir en el mismo espacio.

- Pues he tenido más citas que tú Chinito - Terminó por gruñir y se fue a su armario buscando entre la ropa.

- Ahí te ha pillado chinito - Repitió aquella palabra tratando de picar al joven con esta mientras seguía metiendo cizaña entre los dos- El único que está claro que tiene experiencia aquí soy yo. ¿Queréis que os resuelva alguna duda?

Los dos se miraron durante un segundo y terminaron mirando al suelo casi al mismo tiempo. Era cierto que ninguno de los dos había tenido ningún tipo de experiencia amorosa aun, igualmente los dos eran jovenes, no tenía nada de malo después de todo.

Los dos, habían hablado en algunas ocasiones sobre cómo sería tener una cita. Pero finalmente, siempre acababan riendose algo incómodos.

<<¿El sabrá que quiero una cita con él?>> Solía preguntarse Yuta para si mismo. Desde el principio, se alegraba de tenerlo tan cerca, pero siempre quería más. Más, simplemente quería más de él.

- Si tuvieramos alguna duda no te preguntariamos a ti, seguro que eres un pervertido - Terminó diciendo Winwin cogiendo otro pocky y dando un mordisco.

Mark no desaprovechó esta oportunidad y se acercó a Winwin mordiendo el otro extremo de su Pocky acercandose a él. Pero justo cuando los labios se iban a juntar con los del menor Yuta cogió a Mark por el cuello y le tiró hacia atrás.

- ¿Qué te crees que ibas a hacer pervertido? - Tenía los ojos cerrados y seguía sujetandolo mientras este reía algo pícaro.

- ¿Y por qué no tienen una cita juntos? Así aprenderían.

<<SI>> Pensó entonces Yuta, esta era su oportunidad.

- Además, cómo solo son amigos no tendréis ningún tipo de problema y podríais aconsejaros - Terminó riendo Mark mientras se encogía de hombros poniendo morros, sacando los labios hacia afuera para camelarse a Yuta y que le soltara.

Winwin y Yuta se miraron durante un segundo. Yuta pudo apreciar algo que le pareció demasiado fugaz, pero era una sonrisa tierna, esas que ponía cuando había conseguido algo. Aunque no sabía si había sido su imaginación, quizás su deseo de que Winwin deseara quedar con él era tan grande que le había hecho tener una pequeña alucinación.

- ¿Quieres tener una cita conmigo? - Dijo Yuta con un tono que sonó demasiado serio, que no mostró ni pizca de los nervios que sentía en ese momento. Miró con seguridad a Winwin a los ojos y en su cara apareció una leve sonrisa.

Winwin solo asintió despacio correspondiendo a la mirada de Yuta con una leve sonrisa. Algo a través de lo que no se podía adivinar si sentía emoción, nervios o simplemente lo hacía por curiosidad, o ser educado.

- Entonces mañana saldremos temprano - Dijo Yuta en un arrebato de empeño en tratar aun de no mostrar sus emociones y salió de la habitación sin decir nada más.

Esa noche estaba pasando demasiado despacio para él. Después de haberse dado un baño se había puesto a buscar en su móvil sitios a los que podía llevar a Winwin, quería que se divirtiera, quería que se abrazara a él, y quería tener la oportunidad de besarlo. Esta era su oportunidad.

Y por fin, la mañana siguiente. Se había levantado con cuidado una hora antes que Winwin y se había arreglado lo mejor que había podido. Solo cuando ya estaba bien peinado y maquillado entró al cuarto y se arrodilló al lado de su cama. Le puso una mano en la boca lentamente y le besó en la mejilla para despertarlo.

El menor abrió los ojos sorprendido, y disimuló un leve sonrojo como pudo, estaba en ropa interior por el calor que hacía en verano. Se incorporó y le dedicó una larga mirada a su Hyung. Se había puesto una camiseta blanca ajustada con unos vaqueros ajustados hasta por encima de las rodillas, era raro verlo de una forma tan casual y se sorprendió al verle la cara. Estaba muy lindo, lindo.

- Hy-hyung -le miró y se pasó una mano por los ojos.

Pero la respuesta de su hyung fue ponerse un dedo en los labios y chistarle con suavidad para después señalar a Mark, que estaba en su cama aun dormido. Inclinó la cabeza levemente hacia un lado para que le siguiera por la puerta y le ofreció la mano.

El menor le tomó de la mano y se puso en pie aun en ropa interior saliendo de la habitación, en dónde Yuta cerró la puerta y puso una mano al lado de la cara del menor, que pegó la espalda a la puerta. Yuta se acercó a su rostro sonriendo sin apartar la vista de los ojos de Winwin que sin darse cuenta miraba a los labios del mayor cada vez más próximos a los suyos.

- Te preparé la ropa en el baño - Susurró cerca de sus labios. Sabía que había acertado, y que Winwin estaba tan deseoso de esa cita como él - Te esperaré en la entrada y hacemos como si te recogiera ¿vale?

Winwin solo pudo asentir lentamente mientras le seguía mirando a los labios, notando como no podía controlar su sonrojo como de costumbre. Al final se iba a dar cuenta de lo que sentía por él, eso era malo.

Yuta por fin se separó del menor y salió por la entrada esperando en esta. Winwin tomó aire nervioso y fue hacia el baño empezando a cambiarse con la ropa que su Hyung le había preparado. Llevaba un simple chaleco con cremallera blanco con la cremallera negra para destacary las cordoneras de su gorro en negro, y unos pantalones vaqueros un poco anchos que le llegaban por la rodilla.

Se arregló el pelo, se lavó los dientes y cuando estuvo perfecto se envalentonó a salir por la puerta. Dónde estaba Yuta apoyado en una pared mirandole de reojo, esa mirada seductora que Winwin había aprendido a ignorar, se le clavó en los ojos y le cortó la respiración.

Yuta se acercó, contento de que por fin su mirada hubiese tenido efecto en el menor y le tomó de una mano empezando a andar.

- Vamos ya o no llegaremos a tiempo al primer metro.

Tiró de la mano del menor, que aun seguía bajo los efectos de su mirada y andaba de forma algo torpe. Durante el camino al metro, los dos permanecieron en silencio, algo poco común para Winwin, pero planeado por Yuta, que al planear la cita miró consejos en algunas webs en las que decían que no debía ser muy hablador.

Al llegar al metro fue Yuta quien pagó los dos pasajes y cuando entraron se puso a su espalda. Los dos se sujetaron a la barra metálica horizontal, aunque había asientos libres. Pero, de esta forma Yuta pudo aprovechar para abrazar con la mano restante la cintura del menor por su espalda, pegarlo a el.

Era la primera vez que hacía esto y no era fanservice, esta vez lo hacía por que el quería, lo hacía porque quería tenerlo para si mismo. Aunque no era capaz de mostrar ese sentimiento, estaba ahí y se apoderaba de él.

En el metro, se empujaban unos contra otros, lo que hacia que el se aferrara más a el hasta que en un momento sus labios rozaron su cuello. Ninguno de los dos se podía creer lo que había pasado. El sonrojo se podía apreciar en sus mejillas, y durante un tiempo evitaron mirarse el uno al otro, hasta que llegaron a la estación y bajaron del metro.

Fue Yuta quien, sin romper el silencio le ofreció la mano mientras le miraba con una sonrisa al mismo tiempo tímida, y lanzada. Winwin le tomó de la mano, tratando de sonreir sin que le temblaran los labios.

- ¿Qu-qué vamos a hacer hyung?

- Creo que en las citas se hacen cosas como esta -asiente despacio apreciando la sonrisa de Winwin que sin darse cuenta se había apoyado el hombro de su hyung y los dos ahora andaban despacio pero unidos - ¿El acuario te gusta?

Winwin abrió los ojos emocionado mientras asentía lentamente. Las dos se acercaron hacia la puerta del acuario y Yuta se acercó al mostrador, pidiendo dos entradas que pagó y se las ofreció al menor con una sonrisa. Este las cogió entre sus manos examinandolas mientras se mordía el labio inferior emocionado.

Los dos se estaban dejando llevar. Pasearon por los acuarios, Winwin cada vez más emocionado se había dejado lelvar por el aire de la cita, imitaba las cosas que había visto en doramas. Habían visto a tiburones, habían visto delfines, cangrejos y mantas. Se habían hecho fotos juntos, pero apenas habían hablado.

En la zona exterior, Yuta le compró un helado de fresa y se acercó a él ofreciendoselo y antes de que lo cogiera le manchó en la nariz con este . Los dos se estaban riendo de esto y entonces. Se besaron.

Todo a partir de entonces, fueron besos. Se habían fundido el uno con el otro, y ahora no querían estar separados.

Al llegar a casa Mark los estaba esperando sonriendo alzando una ceja.

- ¿Qué tal ha ido la cita? - Les preguntó a los dos inclinandose hacia adelante.

Los dos se miraron cómplices durante un momento, y se tomaron de la mano.


domingo, 23 de julio de 2017

LO MÁS COMÚN PUEDE SER PERFECTO. CAP 10. ¿Qué has hecho?

Ya había pasado la peor parte. En el interior de Leo solo quedaba la vergüenza y el dolor. ¿Amor? ¿Le había importado a Lucas en lo más mínimo? No.

Lucas estaba sonriendo sin darse cuenta de lo que había hecho. Besó la mejilla de Leo y pasó una mano por su pelo mientra sonreía. Su ego había eclipsado los sentimientos de Leo, lo indefenso que se había sentido, el daño que le había hecho.

- Esta vez duraste mucho Leo - Le besó en la mejilla y se incorporó en el sofá y se colocó bien la camisa que llevaba puesta mirándole de reojo.

Leo permanecía inexpresivo, ni si quiera giró la cabeza para mirarle, ni sus mejillas se habían sonrojado como era típico en él. Por el contrario, un tono pálido de incredulidad había sustituido su ánimo general.

<<¿Qué ha pasado?>>.

Lucas no entendía que estaba pasando ahora mismo. Para él, solo habían hecho el amor de forma, un poco más ruda de lo habitual, pero los dos habían disfrutado de sobremanera aquel rato. O eso pensaba. Sin embargo, Leo seguía inmóvil, ni si quiera parpadeaba y parecía que sus ojos se estaban quedando secos.

- Oye Leo, ¿estás bien? - Le acarició por el pelo lentamente sonriedole.

Leo le miró girando la cabeza lentamente mientras respiraba hondo y entrecierra los ojos, mientras una lágrima se escapa por las mejillas hacia abajo.

- Oye Leo - Lucas alzó algo más la voz y le limpia con un dedo por la mejilla retirandole la lágrima - Leo, ¿qué te está pasando?

Leo no contestó solo se incorporó sin mirarle y se fue hacia el baño cerrando el pestillo tras de si. En el baño, Leo solo pudo sentarse en el suelo contra la puerta y empezar a llorar.

- Mierda - Se oyó gritar a Lucas al otro lado del a puerta y dar un golpe en esta- Leo abre la puerta. ¡¡LEO!! -Gritaba Lucas perdiendo la calma, mientras que, internamente se maldecía a si mismo.

Se había dado cuenta por fin que había hecho algo mal. En todos sus años de vida no se había dado cuenta antes que era capaz de hacer algo mal, y ahora, lo había hecho y con la persona a la que quería. Si, lo quería.

Dió otro puñetazo contra la puerda del baño, su ira se había desbocado. Necesitaba verlo, necesitaba abrazarlo.

- ¡¡LEO ABRE LA PUTA PUERTA!! ¡¡NO LO PIENSO REPETIR!!.

Pero Leo seguía sin pronunciarse. Seguía sentado en el suelo contra la puerta, abrazado a sus rodillas ocultando el rostro en estas, recibiendo con el rebote de la puerta cada golpe que daba Lucas en su propia espalda. Se estremecía con cada grito que daba.

Sentía que algo malo había pasado, no podía entender como la persona de la que el, por fin se había dado cuenta que amaba, le podría haber hecho esto.

Pasaron un par de minutos de silencio. Luchas había parado de golpear la puerta y simplemente se había rendido apoyando la frente contra la puerta, inmóvil. Sus cabellos caían por sus hombros hacia adelante y movían con cada respiración del mayor, hacia los lados, de forma desordenada.

<<Le he hecho daño>>.

Se repetía una y otra vez la misma frase para si mismo. Sin lograr entender el porque lo había hecho, ¿por posesión? ¿qué queria demostrar haciendo eso?. No lo sabía.

Tomó aire de forma profunda y apoyó las dos manos en la puerta, tratando de alguna forma de lelgar hasta el menor.

- Leo, perdoname. - Su voz era casi un susurro, sin embargo, logró llegar hasta los oidos de Leo – Te he hecho daño, y lo peor es que no sé ni porqué lo he hecho. Leo. - El menor seguía inmóvil atento a las palabras de Lucas, que sonaba cada vez más débil. Se le había escapado un sollozo al terminar de decir su nombre, seguido de un suspiro – Sé que no puedo volver atrás y pararme, pero, te prometo que no volverá a pasar. Te prometo que, a partir de ahora, te protegeré.

Leo levantó la mirada lentamente, con los ojos algo rojos y su pelo alborotado. Tenía la cara humeda pero seguía sin tener el valor para salir del baño.

- Si me lo permites Leo, voy a cuidarte.

Al terminar la frase, Lucas se agachó en el suelo y pegó la espalda a la puerta apoyando los codos en las rodillas mientras el tiempo iba pasando lentamente.

Habían pasado un par de horas ya cuando Leo se decidió a alzar lentamene la cabeza mirando hacia el frente y terminó suspirando. Lucas que oyó ese suspiro, alzó la cabeza algo más aliviado. Durante ese tiempo se le había pasado por la cabeza que quizás, Leo ya no se encontrase con él.

<<Sigue vivo>>.

- ¿Por qué a mi? - Logró decir entonces Leo, que se pasaba una mano por la nuca.

- ¿A qué te refieres? - Contestó Lucas mientras miraba hacia el techo. La voz de Leo le había resultado el más maravilloso sonido que había escuchado en mucho tiempo.

- ¿Por qué quieres protegerme a mi? ¿Por qué te fijaste en mí? ¿Por qué me has hecho daño a mi?

Lucas había pasado todos estos días pensando en lo mismo. Solo había llegado en claro a la conclusión de que estaba enamorado de aquel joven, después de haberle hecho daño.

-  Quiero protegerte. Aun no sé la respuesta de porqué quiero protegerte, o porqué me fijé en tí. Pero sí sé porque te he hecho daño, porqué estoy enamorado de ti. - Tomó aire con una sonrisa y se pasó una mano por la cara mientras flexionaba una pierna. Había admitido que estaba enamorado – Es la primera vez que digo a alguien que me he enamorado de él. Nunca había sentido esto y nunca había tenido un novio, alguien que tuviera poder sobre mi y esa persona eres tú. Supongo que tendrás que domarme poco a poco, y que poco a poco te iré haciendo caso.


REINO DE NUBES-CAPÍTULO 6. ¿ZAËRON, QUÉ ESTÁS HACIENDO?

Esa noche, todo pasó muy rápido para Liro. Después de que Zaëron le diera el pastel, estuvieron comiéndolo y riendo durante un rato. Hacía tiempo que Liro no se sentía así de bien. Estaba feliz.  Zaëron por su parte, estaba disfrutando de las  sonrisas que Liro le dedicaba.

-          Zaëron, he visto a tu madre – Dijo después de terminar el pastel Liro. Eso evitó que sonriera, pero no calló – Cuando, estuve en el bosque de plata, vi a la Reina Lara. La reconocí, por su forma de rozarme la mejilla, era como lo hacías tú.

-          ¿Mi madre? –Empezó Zaëron mientras sonreía mirándole - ¿Qué te dijo?

-          Me dijo, que soy el último guardián, que tengo el deber de proteger ahora el Lago de Plata y además, cumplir la profecía. Que la energía de la Luna ahora solo fluye por mí – Cerró los ojos y después tomo aire profundamente intentando aclarar sus ideas – Dijeron que confiara en ti.

-          Vaya – Sonrió Zaëron que le acarició con una mano por el pelo otra vez con los ojos entrecerrados.

-          Me hubiese gustado que tu pudieras verla – Abrió los ojos y le miró de forma sincera, tratando de mostrarle el cariño que sentía por él.

-          De todas formas, si eres el último – Su gesto ahora era diferente, parecía preocupado, y se concentraba en algo lejano – Eso complica las cosas – Se puso en pie – Deberíamos buscar el Bosque Dorado.

-          Zaëron, explícame primero lo que está pasando – Liro le siguió por la cabaña mientras el mayor preparaba una especie de mochila.

-          No hay tiempo – Se giró. Estaba nervioso.

-          Pero Zaëron.

Liro empezó unA frase que no fue nunca capaz de terminar. Zaëron se había girado hasta él, le había puesto una mano en la frente y al momento Liro se había quedado dormido.

Al día siguiente Liro despertó al sentir un fuerte golpe en el hombro. Se levantó sobre saltado y se miró hacia el hombro. Giró la cabeza a los lados, estaba en el cuarto de Zaëron. Tenía la vista borrosa y su cabeza daba vueltas. Intentó pasarse una mano por los ojos, pero no podía, algo le sujetaba las manos a la espalda con mucha fuerza.

Parpadeó un par de veces confuso, sacudió la cabeza. Su vista se aclaró y entonces miró hacia la puerta, Ima estaba ahí, sonriendo de esa forma tan horrible que asustaba a Liro.

Dio un paso hacia Liro que se puso en pie al momento. Sus manos seguían retenidas a su espalda, pero pensó en un hechizo, sin embargo, cuando intentó lanzarlo, lo que fuera que sujetaba sus muñecas empezó a lanzar una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo hasta posarlo de rodillas.

-          Joven principito Liro – Dijo Ima mientras se acercaba hasta dode se encontraba y sujetó con fuerza a Liro por el pelo sin tocar la corona. Tiró hacia atrás del pelo de él haciendo que su cabeza se fuera hacia atrás en un gesto de dolor – Te he estado buscando tanto tiempo, ¿dónde has estado?

De Liro solo salían algunos quejidos de dolor. De pronto se acordó de Zaëron, no podía ni imaginar que podría haber pasado con él. “No es posible que él haya perdido”, pensó en esa frase una y otra vez. Entonces volvió a pensar en un hechizo pero otra descarga le hizo dejar el hechizo mientras Ima soltaba una de esas risas.

-          Lo siento por las formas – Explicó sin dejar su risa. Soltó a Liro del pelo y se puso en pie haciendo una reverencia – La mismísima Reina Delica requiere la presencia del asesino de su esposo ante ella. Ha estado buscándote durante meses para hacerte pagar la muerte del buen Rey Alen – Terminó la frase con una carcajada y se puso a la espalda de Liro – Como no podemos tocar esas cosas que llevas puestas – Escupió dejando salir ira refiriéndose a la corona, el collar y la espalda que tenía – Te llevaremos atado con estas esposas de Mitrilo que te impedirán usar esa magia tan reluciente que tienes.

-          No has vencido todavía – Gritó de forma desesperada mientras intentaba soltarse de las esposas - ¿Dónde está Zaëron?

-          ¿Zaëron? ¿Ese es el nombre falso que te dijo Kara? – Miró a la puerta mientras reía.

En ese momento, Zaëron pasó por la puerta. Se hizo el pelo hacia atrás mientras se cruzaba de brazos. Tenía una sonrisa distinta en los labios.

-          Kara, ¿Por qué no saludas a nuestro Príncipe? – Ima siguió riendo mientras cogía por las mejillas a Liro y hacía mirar a Zaëron – Después de todo lo hemos capturado gracias a ti.

-          ¿Zaëron? ¿Qué está pasando? – La vista de Liro se estaba nublando otra vez. Las lágrimas luchaban por salir por sus ojos mientras negaba.

-          Vaya, ¿tanto cariño te ha cogido Kara? – Interrumpió Ima sin dejarle  hablas mientras reía.

-          Bueno, hemos pasado algún tiempo juntos – Intervino ahora Zaëron mientras sonreía pícaro – Ya me entiendes general, es fácil de engañar a ciertas personas si les das lo que tienes – Terminó riendo levemente y giró la cabeza sin mirar a Liro - ¿Y la recompensa de la que hablamos?

-          Claro que si – Ima dio una orden a sus guardias con un gesto con la mano y estos trajeron un saco que llegaba a Zaëron por las rodillas y lo dejaron en el suelo al lado de él – Tu recompensa. Podrás mudarte de esta cabaña.

Liro no podía creer lo que estaba pasando. Zaëron lo había vendido por unas monedas de oro. Todos le habían dicho que tenía que creer en él, y ahora, le había entregado después de tantos meses entrenándole para nada. Las lágrimas cayeron sin pausa por sus mejillas mientras Liro miraba hacia abajo.

Un par de guardias sujetaron a Liro por los brazos, lo pusieron en pie y empezaron a arrastrarlo fuera de la cabaña. Ima lo seguía por la espalda mientras reía, Zaëron se quedó dentro de la cabaña con el saco de monedas de oro.

-          ¡ZAËRON! – Gritó Liro mientras le sujetaba en el suelo en pie y sacudía el cuerpo intentando girarse, revolviéndose de los guardias.

Mientras lo hacía, uno de los guardias se chocó con la espada que tenía a la espalda, y en el mismo instante se desintegró en un brillo blanco cegador. El otro guardia se alejó de Liro asustado y él se quedó quieto abriendo los ojos de par en par sin saber que había pasado.

-          ¿Qué ha pasado? – Dijo por fin con los ojos muy abiertos, permaneció inmóvil por la sorpresa.

-          ¡SUJETADLE! ¡O DEJÉIS QUE USE LA ESPADA! – Gritó Ima a su espalda llamando a más guardias.

Enseguida cinco guardias lo rodearon sin dejarle reaccionar. Dos le sujetaron por los brazos y otros dos le presionaron por los hombros haciendo que se pusiera de rodillas. El último puso una cadena por el cuello que le abrazaba por el cuello con los ojos entrecerrados provocándole una quemazón por el cuello arrancándole un grito de dolor.

-          Recuerda que ahora estás en mis manos – Ima le quitó la cadena a uno de los guardias dando un tirón de la cadena.

Liro tosió casi ahogándose. No podía parar de llorar por el dolor que le causaba la cadena que le habían puesto al cuello, y sus piernas, no le respondían cuando trataba de moverse.

Zaëron le vió por la ventana con el ceño fruncido mientras presionaba los labios. Llena había desaparecido. Liro miraba a los lados intentando encontrar a alguien que le ayudara, pero no podía ni pronunciar una palabra, ahogada su voz entre el poco aire que entraba.

Ima entonces aflojó la cadena, permitiéndole tomar aire de forma agitada mientras las lágrimas dejaban de caer poco a poco. Liro siguió mirando a los lados, pero ningún guardia parecía estar dispuesto a ayudarle. Miro a la cabaña y vio por la ventana a Zaëron. “Prefiero estar muerto” Pensó entonces, volvió a derramar una lágrima y giro su rostro hacia abajo intentando ocultárselo a Zaëron.

Ima subió a su caballo soltando una de sus malvadas risas. Tiró otra vez de la cadena e hizo avanzar a su caballo comenzando a arrastrar a Liro por el suelo que luchaba por ponerse en pie mientras algunos rasguños aparecían por las partes donde no le cubría la ropa. Terminó por ponerse en pie mientras tropezaba con los pies descalzos por el camino siguiendo el caballo.

Durante horas caminaron así hasta que llegaron al primer pueblo antes de llegar al castillo. Liro había pasado todo el camino cabizbajo, por el pelo caía sudor que llegaba a sus ojos produciéndole algo de escozor. Un par de veces tropezó y cayó sobre el suelo, pero Ima no paraba en su camino, seguía arrastrándole.

Cuando llegaron al primer pueblo le tiraron agua encima, Liro se había vencido ya no intentaba resistirse. Se dio cuenta que hacerlo era inútil. Cuando llegaron al centro del pueblo, subieron a Liro a una especie de escenario hecho con maderas que estaba descuidado, lo pusieron de rodillas y comenzaron con la presentación.

-          ESTE ES EL JOVEN LIRO, PRÍNCIPE ASESINO DEL REY ALEN. EL CRIMINAL MÁS BUSCADO POR FIN CAPTURADO. AQUÍ LE TENÉIS. – Ima lo declaraba con autoridad mientras sonreía, entonces se apartaba sujetando aun la cadena.

Cuando se apartó, todos los habitantes empezaron a lanzarle cualquier cosa que tenían cerca, frutas en buen y mal estdo, tomates, hortalizas, patatas, huevos, incluso alguna piedra que otra. Golpeaban a liro por la cabeza, por el cuerpo dejándole mal olor, dolorido. Hasta que acabó poniéndose de rodillas mientras empezaba a llorar.

Entonces lo bajaron, lo pusieron en pie y lo sacaron de este pueblo para ir al siguiente. Pasaron antes del anochecer por tres pueblos. Siempre era el mismo ritual.

Ya en el último pueblo le habían incluso negado su entrada en los establos para dormir. Lo habían dejado atado a un poste fuera de los establos, donde había un poco de paja acumulada. Liro se sentó en este dolorido, humillado, sucio y vencido.

-          Estarás muy triste verdad principito, ¿verdad? – Dijo Ima poniéndose delante de él. Había llevado dos cuencos, uno de agua que dejó en el suelo y otro con una especie de puré amarillo del que salía algo de humo – Pero, cómo te has portado bien te traigo tu comida. Disfrútala, es posible que sea la última.

Liro miró a su alrededor para comprobar que no había nadie, antes de ponerse de rodillas, inclinar la cara sobre el cuenco y empezar a beber hasta que no quedó más agua.

-          Esto es humillante – Dijo por fin. La voz apenas le salía del cuerpo, estaba sucio y terminó por acostarse en la paja. Puso una mirada en el cielo con la vista emborronada.

No había Luna, fue en lo primero que se fijó Liro. “Quizás no salió para no ver lo bajo que había caído su último descendiente”. Siguió mirando hacia el cielo sacudiendo la cabeza mientras respiraba hondo.

-          Zaëron, ¿por qué has hecho esto? – Fueron sus útimas palabras. Mirando hacia el cielo, se quedó dormido después de todo el cansancio.

Al alba, los primeros rayos de sol le despertaron, dándole un cálido abrazo. Se incorporó y miró a los lados, la guardia aún no había ido a donde él estaba. Miro a sus pies, se habían curado, sus brazos también hasta donde él podía sentir, y todo el volvía a estar limpio y reconfortado. De alguna forma se había curado.

Al poco tiempo, Ima hizo su aparición. Se sorprendió al verle de esa forma, no sabía cómo había mejorado su estado.  Se acercó cabreado y volvió a tirar de la cadena asfixiándole durante unos segundos mirándolo cabreado.

-          ¿Cómo has conseguido curarte? – Estaba hablando en voz baja pero tiraba cada vez más fuerte de la cadena.

-          No lo sé – Consiguió decir mientras tosía, no tenía aliento y notaba que se iba a desvanecer.

Ima dejó de tirar de la cadena dejando a Liro respirar un poco agitado, pero al poco tiempo volvió a tirar con más fuerza aún, se puso en pie y le arrastró por el suelo. Dio un pisotón en su espalda con fuerza arrancando un quejido de dolor mientras seguía tosiendo ahogándose.

Aparecieron entonces los guardias y se quedaron mirando a Ima. Este paró de asfixiarlo, que volvía a respirar agitado mientras sacudía la cabeza intentando despejarse otra vez. Entre dos de los guardias pusieron a Liro en pie y le aflojaron algo la cadena del cuello. Los dos guardias le miraron preocupados y le pusieron algo de pan con queso en la boca cuando Ima se dio la espalda y uno se acercó susurrándole.

-          Aguante un poco Príncipe, la siguiente parada es el castillo – Susurró en el oído y lo pusieron con cuidado en pie.

Liro respiró aliviado con algunas lágrimas en los ojos mientras comía eso, lo mismo que le daba Zaëron de comer. Pensó un segundo en Zaëron pero sacudió la cabeza mirándolos agradecido.

Ima se había subido ya al caballo y volvía a tirar de Liro con fuerza mientras comenzaba a avanzar. Tosió agresivamente mientras andaba mirando hacia abajo otra vez.

Los guardias que seguían a Liro por la espalda hablaban los unos con otros. Algunos eran guardias ya cuando Liro era más pequeño, le habían visto crecer, y estaban dudando de la culpabilidad del príncipe. Lo veían demasiado rendido, si hubiese sido el asesino cruel como él que habían dicho que era, trataría de escaparse, hubiese visto la forma de rozar a los guardias con la espada. Pero ahora, cuando se acercaban los guardias se quedaba quieto para que no rozaran la espada.

Hacia el mediodía, cuando el sol ya estaba en lo alto, llegaron ante las puertas del palacio. Esas puertas que tiempo atrás a Liro le parecían signo de seguridad y tranquilidad, ahora solo le advertían de su próxima muerte. Llegaron ante la entrada principal del castillo. Ima bajó de su caballo y se lo entregó a un guardia para que lo guardase.

Entró por la puerta principal tirando de la cadena para arrastrar a Liro por los pasillos que el tan bien conocía, hasta que llegó a la gran sala del trono, dónde Delica esperaba a Liro sentada en el trono de Alen.

Cuando entraron, para sorpresa de Liro, estaba lleno por la corte, que tiempo atrás tan bien habían servido a Alen. Todos miraban a Liro entre incrédulos y decepcionados. Algunos clavaban su mirada en Liro recriminándolo, que solo miraba hacia abajo mientras le arrastraban colocándolo frente al trono. Todos esperaron que Liro se arrodillara, pero esto no pasó hasta que Ima tiró de la cadena haciendo fuerza hasta que este se arrodilló.

-          Aquí tenemos al Príncipe Liro, asesino de mi marido el Rey Alen – Proclamó con su voz con una dulzura siniestra – Estamos aquí para juzgar a este asesino.

-          ¡Yo no soy un asesino! – Gritó Liro poniéndose en pie mirándola de forma desafiante. No sabía de donde salían sus fuerzas, pero, tenía que decir lo que de verdad había sucedido – Tú eres la asesina, mataste a mi padre después de tenerlo años bajo un hechizo. Le obligaste a declararle la guerra a Milos y asesinar a sus Reyes, a pesar de que los dos Reinos estaban en paz. Los dos Reinos de la luz han caído bajo la oscuridad. Pero se van a recuperar. Te lo aseguro.

Hubo un murmullo entre todos los espectadores que nos rodeaban. La Reina miró a Liro sonriendo. Tuvo la vista fija en la de él, se podía leer el odio y el sentimiento de triunfo que había en su mirada. La oscuridad se hacía más profunda en su mirada. En los ojos de Liro, la luz brillaba con fuerza y desesperación.

Delica hizo un gesto con las manos separando las manos haciendo callar los murmullos que habían empezado tras la declaración de Liro. Toda la corte estaba poniendo en duda a la Reina.

-          Doble traición a la corona – Intervino Ima volviendo a tirar de la cadena.

Liro miró a Ima con frustración y tiró de la cadena con todo su cuerpo haciendo frente a la Reina desafiándola. Hizo fuerza con las manos pero no podía utilizar su hechizo debido a las cadenas, y la corriente eléctrica volvió a recorrer su cuerpo arrancando un grito de dolor.

-          ¿Cómo te atreves a juzgar a una descendiente de Ramio? – Se puso en pie mirando a Liro y lo señaló después.

-          Los dos sabemos que eso es mentira, déjame utilizar mis poderes y te lo demostraré – Liro avanzó un paso con los ojos entrecerrados conteniendo la respiración.

-          Serás castigado – Declaró la Reina asintiendo una sola vez – Mañana al medio día serás ejecutado. 

Siguieron los murmullos entre los presentes, algo que hizo desaparecer la sonrisa de Delica, es que no aplaudieron su condena como estaba acostumbrado. Liro se atrevió a mirar a los lados, algunas personas sonrieron, pero la mayoría ahora le miraba con un gesto de tristeza. Liro terminó mirando abajo respirando hondo “Lo siento madre, reina Lara, he fracasado”.

Ima llevó a Liro arrastras por los pasillos hasta el calabozo de palacio. Abrió una puerta de estos, que ahora estaban vacíos, y lanzó a Liro dentro quitándole la cadena.

-          Disfruta de tu limitada libertad Príncipe – Ima cerró la puerta y habló entre las rejas – Hasta mañana.

Ima se marchó y le dejó solo con las manos atadas a la espalda. Estaba completamente a oscuras de no ser por una pequeña abertura que daba al exterior, demasiado alta para llegar a ella y además con barrotes. El suelo era frío y estaba hecho de piedras, a un lado había un montón de paja similar a donde había pasado la noche.

Liró se sentó sobre la paja del rincón, estiró las piernas y apoyó la espalda en la pared mientras respiraba hondo. Estuvo pensando por el día que había pasado, la humillación en los pueblos. Pego la cara a la pared, al recordar a Zaëron mientras sus ojos se aguaban otra vez. Empezó entonces a concentrarse en un hechizo pero otra vez la electricidad le recorrió por completo.

-          Zaëron, ¿qué debo hacer? – Susurró entre gimoteos respirando agitado otra vez – He perdido – Concluyó cuando por fin podía respirar tranquilamente. Entonces empezó a llorar, y siguió llorando hasta que cayó dormido.

Los rayos de sol por la mañana entraron por la ventana que daba al exterior. Abrió los ojos al notar la cálida caricia de estos que le daban directamente. Se puso en pie con algo de esfuerzo mientras respiraba hondo.


Las lágrimas volvieron a caer desde sus ojos mientras miraba el calabozo respirando hondo. Desesperado empezó a embestir con el hombro contra una de las paredes y gritó con desesperación hasta que cayó otra vez al suelo llorando desconsolado.