jueves, 28 de julio de 2016

LO MÁS COMÚN PUEDE SER PERFECTO - CAPÍTULO 3. COMO HA CAMBIADO LA VIDA.

Había pasado ya una semana desde el primer encuentro entre Lucas y Leo. Leo en verdad no sabía cómo había empezado todo eso.
Estaba en la cocina de Lucas mientras trataba de cocinar pollo con curry al estilo japonés. Estaba moviendo con un cucharón de madera que había encontrado en uno de los cajones de la cocina, y que además, tenía pinta de no haber sido utilizado antes. En verdad, cualquier cosa que hubiera en la cocina parecía no haber sido utilizado antes.
Mientras seguía agitando la comida se puso a recordar lo rápido que había ido todo. Ese mismo día en que Lucas le comentó sus condiciones, no le había dado ni si quiera diez minutos para pensárselo. Tomó el mando el mismo y cogió el móvil de Leo, buscó en la agenda y llamó al número que ponía “Papa”.
-          Buenas tardes – Comenzó Lucas con su voz melosa – Me llamo Lucas Sei, soy profesor en la universidad en la que estudia su hijo. Me he estado fijando en que Leo estudia hasta tarde en la biblioteca y que va algo cansado debido a la lejanía de dónde vive. Yo mismo me ofrezco a ser su tutor y dejarle vivir en casa, ya que…
El padre de Leo había empezado a hablar, pero Leo era incapaz de oír ni si quiera una sola palabra. Se había quedado petrificado, ¿hasta dónde pensaba llegar Lucas con todo eso?  Por su mente pasaban miles de actos en los que Lucas acababa diciéndole a su padre lo que había hecho. Sin embargo, nada de eso pasó.
-          Sí, soy el escritor – En la cara de Lucas se dibujó una sonrisa de logro – No se preocupe por los gastos, yo correré con ellos. Organizaré la mudanza para mañana – Hizo un pequeño silencio – El motivo, es que además de conseguir más tiempo para sí mismo, necesito un nuevo ayudante personal. Leo hizo la entrevista ayer por la noche y le he contratado. Gracias. Hasta luego.
Luchas colgó el teléfono y se giró posando su mirada en los ojos de Leo, estaba satisfecho. Pero no era nada nuevo, él siempre se salía con la suya, siempre conseguía lo que quería.
-          ¿Qué has hecho? – Susurró entonces la voz de Leo algo asustadizo.
-          Pues vamos a por tus cosas ahora mismo.
-          Hoy tengo un examen, ayer estuve estudiando todo el tiempo – Le replicó Leo con los ojos entrecerrados.
-          Mira la hora que es – Señaló un reloj de pared negando despacio – Me parece que no piensas en el tiempo cuando estamos juntos – Le comentó sonriendo algo pícaro – Entonces, como no llegas al examen, iremos a por tus cosas.
Leo se le quedó mirando perplejo. Pasó las manos hacia su espalda mientras sus ojos iban bajando hasta fijarse en el suelo. Lucas aprovechó que Leo bajó la guardia y se acercó a él, sin previo aviso le tomó con el dedo pulgar y el índice por la barbilla, alzó su cara y dejó un rápido beso en el que saboreo su labio inferior.
-          Necesitas algo de ropa – Le despeinó con cuidado sonriendo y fue hacia su propia habitación.
Leo se había vuelto a quedar inmóvil. El simple aroma que emanaba de Lucas, le hacía paralizarse, sus besos le hacían incluso hasta perder el control de su propio cuerpo. No soportaba la sensación de no ser el dueño de sus actos. Cerró los puños en las manos mientras se mordía el labio inferior, le había dejado con el deseo de estar entre sus manos.
Lucas ya en la habitación, había abierto su armario. En este había ropa de diseñadores prestigiosos; Armani,  Valentino, Lagerfeld, etc. De este cogió una camiseta blanca de cuello barco, unos pantalones vaqueros y salió de la habitación.
-          Puedes ponerte esto – Dejó la ropa sobre el respaldo del sofá y se fue hacia la cocina abriendo la nevera.
-          Gracias – Salió a forma de susurro de los labios de Leo.
Tan rápido como pudo, este cogió la ropa sin hacer ningún comentario al respecto. Era demasiado obvio de que no podría salir de la casa desnudo, mucho menos después de las condiciones que le había puesto Lucas.
Fue a la habitación dónde había salido Lucas, la misma dónde había pasado la noche y se probó la ropa que le había dado. Le venía algo grande, la camiseta le llegaba sobre la parte inferior de su trasero, y los pantalones le quedaban algo anchos de cinturas y piernas.
Se acabó mirando en el espejo de pie que había al lado del armario. De pronto, le parecía que el mismo tenía algo especial. Quizás la ropa de marca le hacía sentir así, el tejido. Su pelo algo alborotado, su piel pálida y el aspecto rosado de sus labios, resultado de haber estado bajo la presión de los de Lucas, le hacían tener una imagen que nunca antes había visto en si mismo.
Por otro lado, el cuello de barco, nunca antes había llevado algo así, marcaba sus clavículas, las mangas le venían algo largas y le cubrían hasta la mitad de los dedos.
-          ¿Tanto cambia que vayas algo arreglado?
La voz de Lucas le hizo sobre saltarse. Dio un pequeño respingo y se giró mirando hacia abajo. Bajo sus ojos, en sus pálidas mejillas se agolpó la sangre de forma débil dándole un aspecto rosado.
Lucas también se había sorprendido. ¿Cómo era posible que fuera el mismo chico que había visto en la biblioteca? Ahora tenía un aspecto completamente diferente, era sensual, débil, delicado, atractivo… Definitivamente, no quería que saliera con ese aspecto a la calle. Quería que ese aspecto solo pudiera verlo él.
-          Voy a salir a comprarte algo de ropa más normal – Asintió un momento Lucas sin apenas parpadear, mirando de arriba abajo la obra maestra de la que él era dueño.
-          ¿No me sienta esto bien? – Preguntó con su voz débil Leo.
-          Ese no es el problema.
Lucas salió de la habitación nada más hablar. Se estaba poniendo un abrigo castaño con cuatro botones a la altura del abdomen. Leo fue detrás de él mirándole desconcertado.
-          No hace falta que me compres – Se apresuró a decir antes de que Lucas saliera de la puerta – Cuando vayamos a por mis cosas, en mi casa tengo bastante ropa.
-          No es necesario que salgas así de esta casa – Terminó espetando Lucas y se calló al momento antes de añadir nada más.
Lucas terminó mordiéndose el labio inferior, había estado a una simple palabra de revelar una de sus debilidades. Agradeció que Leo fuera tan sencillo que no podía apreciar, que él mismo era su debilidad, porque de alguna forma sabía que tenía un gran potencial en su interior.
Desde que le había visto, le llamaba la atención, pero no se había dado cuenta de lo increíble de sus facciones, de sus labios. Con un simple retoque profesional, Leo podría ser un gran modelo.
“Bajo ningún concepto voy a permitir eso”. Se repetía a si mismo. No iba a permitir que existiera la más mínima oportunidad de que Leo no fuera absolutamente suyo. Se juró que, a partir de ese día, Leo solo iba a ser suyo.
-          Ahora vuelvo. Será mejor que no salgas, es una orden – Clavó sus ojos en los de él y salió por la puerta cerrando con llave desde fuera – De esta forma, no saldrás – Dijo en voz baja y se acercó al ascensor saliendo del edificio.

Leo se había quedado a pocos pasos de la puerta de la entrada. Había oído como se cerraba la puerta y, durante unos segundos había tenido miedo de tan si quiera moverse. Pero pasados unos minutos retrocedió analizando la situación.
“Este hombre que apenas conozco me ha traído a su casa, me hace perder el control, me obliga a mudarme con él y… ahora me ha dejado encerrado.” En su interior, su corazón palpitaba algo acelerado. Se fue hacia el salón mientras le daba vueltas a las mismas frases. Su corazón le decía que podía confiar en él, pero su mente no paraba de gritarle de forma ensordecedora que huyera lo más rápido que pudiera de ese sitio.
Mientras se sentó en uno de los sofás, volvió a mirar cada rincón de la casa, fijándose en cada detalle. No parecía ser la casa de ningún psicópata. Tampoco parecía que nadie más viviera allí y estaba todo realmente limpio.
La puerta se abrió entonces. Leo se puso en pie al momento y miró hacia la puerta de entrada. Por esta, una mujer algo mayor entraba con unos auriculares puestos.  La mujer cerró la puerta bajo la atenta mirada de Leo, se giró y entonces, los dos se quedaron durante unos segundos mirándose el uno al otro.
-          Buenos días, no sabía que había nadie aquí – Dijo la mujer mientras se quitaba los auriculares – Acabo de ver al Señor  Sei salir del apartamento. No sabía que tenía compañía.
Leo se quedó mirando a aquella mujer anonadado. Parecía que aquella mujer estaba ya acostumbrada a ver a Lucas con diferentes parejas. Tan acostumbrada que ni le había sorprendido que él estuviera ahí.
La mujer se fijó algo más en Leo. Aun no se había cambiado de ropa y, se dio cuenta entonces que tenía un aura diferente al resto de hombres que había visto antes en la casa de su jefe.
-          Vaya – Atinó a decir la mujer con un leve suspiro – No me había dado cuenta de lo guapo que eres – Se acercó entonces lentamente hacia Leo – Me llamo Ruri, encantada de conocerle.
-          Ah – Asintió despacio Leo mientras miraba a la mujer – Mi nombre es Leo, Kashizawa Leo.
-          ¿Nombre extranjero? – Le miró con cierta curiosidad analizando con cuidado los rasgos del joven.
-          Si –asintió intimidado Leo. Incluso en ese momento se sentía intimidado, y por una mujer. Se sentía mareado, no sabía cómo explicar su comportamiento – Mis padres decidieron el nombre en base a mi horóscopo occidental. Como nací en agosto – Susurró encogiéndose levemente de hombros.
-          Ya veo – Asintió la mujer y sonrió levemente – Voy a comenzar mi trabajo, no te molesto más.
La mujer entonces se volvió a poner los auriculares y comenzó a sacar de los armarios de la cocina diversos productos de limpieza. De pronto parecía, como si en la casa hubiese un ente que apenas se hacía notar a pesar de que era ella la que estaba limpiando.
Leo trato de molestar lo menos posible. Se volvió a sentar en el sofá y se abrazó a las rodillas subiendo los pies a este sonrojado.
Después de un tiempo, eterno para Leo. La puerta se volvió a abrir y Lucas atravesó el marco. Se quedó mirando a Rori, no le gustaba que hubiese pasado, su Leo podría haber aprovechado para irse.
Pasó junto a ella sin dirigirle la más mínima palabra y se puso detrás de Leo, lo cogió en brazos desde detrás del sofá sin abrir la boca y le besó en los labios. Quería demostrar, incluso a Rori, que Leo era de su propiedad.
Leo se apartó al momento de sus labios y se puso las manos en la boca.
-          ¿Pero qué estás haciendo? – Dijo casi a gritos.
-          Eres mio Leo. Y de esa puerta para dentro voy a besarte como, cuando y en la parte de tu cuerpo que quiera – Lucas hablaba otra vez con su voz seria, esa que no daba oportunidad a replica.
Lo llevo hasta la habitación y lo dejó en esta. Sacó de una bolsa una réplica exacta de la ropa que él mismo había destrozado el día anterior y la dejó extendida sobre la cama.

-          Ponte esto, vamos ya a por tus cosas.

domingo, 24 de julio de 2016

LO MÁS COMÚN PUEDE SER PERFECTO - CAPÍTULO 2. LAS CONDICIONES SON LAS QUE HACEN FUNCIONAR EL MUNDO.

Se despertó con una sábana blanca envuelta a la cintura. Había pasado toda la noche con Lucas,. Se incorporó y miró a su lado. Allí estaba él, completamente desnudo y cubierto por la misma sábana, con su pelo suelto, liso y alborotado cubriendo su cara.
<<Es muy guapo>> pensó Leo. Su cara se volvía cada vez más roja a cada segundo que pasaba. Por su mente se repetían las imágenes de lo que había pasado la noche anterior, de  cómo le había hecho sentir Lucas, de cómo el mismo había perdido el control ante esas sensaciones.
Se incorporó con cuidado de no despertar a su anfitrión. Cogió su ropa del suelo y salió del cuarto con la sangre en las mejillas.
-          ¿Qué he hecho? – Se dijo a si mismo en voz baja tras cerrar la puerta de esa habitación. Echó un vistazo a su alrededor.
Cuando llegó a la casa la noche anterior, ni si quiera había tenido tiempo para ver donde estaba, todo había sido demasiado apasionado. Sin embargo, ahora que se fijaba, era una casa amplia y lujosa.
Sin darse cuenta de que aún tenía la ropa entre las manos la ropa y que el estaba desnudo se acercó a un sofá negro que daba la espalda a la puerta de la habitación, había tres iguales colocadas en forma de “u”, en cuyo centro había una mesa blanca con cristal, y enfrente una chimenea, encime de la cual había una televisión que estaba fija a la pared.
La pared contigua era de cristal y daba a una pequeña terraza en la que había una mesa redonda con dos hamacas a los lados y algunas plantas de un verde intenso con flores lilas, blancas y rojas.
En el salón también había un piano de cola negro sobre el suelo de parqué, y en el resto de paredes había algunas estanterías llenas de libros, pero que parecían tener un orden específico. Separado del salón con una barra de obra estaba la cocina. Se sorprendió al ver la cocina, estaba decorada con armarios blancos y negros, de forma muy elegante, y parecía que brillaba, como si nunca hubiese sido usada antes.
En el salón había otras tres puertas negras que se ajustaban perfectamente al suelo y que estaban cerradas. Una era por dónde había salido de la habitación, la puerta de la entrada era marrón y estaba al lado de la separación del salón y la cocina, pero no sabía que podían ser las otras dos puertas.
Dejó la ropa en el suelo donde estaba y cogió sus boxers colocándolos de forma apresurada. Entonces pasó a su camiseta, pero cuando se la colocó, se dio cuenta de que estaba rasgada. Lucas, definitivamente, había sido muy brusco con su ropa, ya que los pantalones  vaqueros que llevaba también estaban rasgados y ahora, no sabía cómo iba a salir de allí en esas condiciones.
Lucas se había despertado cuando Leo salió de la habitación. Se dio cuenta de que la ropa del menor no estaba, así que esperó en la cama para darle un poco de intimidad y no agobiarle. Se sentó sin hacer ruido y cogió un cigarro del paquete que había en la mesilla de noche empezando a fumárselo. Se puso el pelo tras la oreja y dio un par de caladas, hasta que finalmente lo apagó en un cenicero, se puso unos boxers blancos y fue hacia la puerta.
Leo se dio cuenta que la puerta a su espalda se abría. Se giró y se quedó mirando a Lucas teniendo la ropa rasgada en las manos. Lucas le miró durante un segundo y después sonrió.
Durante un segundo, Lucas se dio cuenta de que Leo no era tan guapo como otros chicos con los que se había acostado. No entendía muy bien como alguien tan común era capaz de atraerle.
-          Si quieres puedes coger algo de ropa mía – Comentó Lucas observando que todavía Leo tenía la ropa en sus manos.
Leo notó como se volvía a sonrojar. Sujetó la ropa que tenía en las manos pegándola a su pecho intentando cubrirse con esta.
-          No tienes porqué cubrirte delante de mí – Esta vez su voz sonó dulce y embriagadora. Como un perfume recién estrenado.
Leo miró inconscientemente a Lucas de arriba abajo. La noche anterior le había parecido muy fuerte, pero ahora, sí que estaba seguro de que su cuerpo estaba muy musculado, todo su cuerpo parecía haber sido esculpido por el mismísimo Miguelangel. Aunque no solo eran sus músculos, su sonrisa, sus labios, la forma de su mandíbula, sus ojos. Sobre todo sus ojos, parecían haber sido creados por Zeus, creados a partir de un rayo.
Se dio cuenta tarde de que se había quedado embobado mirándole, mirando a un hombre al que consideraba perfecto. No sabía cómo, después de todo lo que le había hecho la noche anterior, después de haberle dejado sin ropa. No quería ser amable con él.
En otras ocasiones, muchos de sus compañeros ya se habían burlado de él por no haber tenido novia. “A ver si vas a ser gay” le repetían casi a diario. Habían puesto en hojas que le pasaban “Leonardo Di Gay” para molestarle. Pero este hombre, había llegado muy lejos.
Leo estaba presionando los labios, sin darse cuenta estaba haciendo pucheros con los ojos entrecerrados, y sus manos sujetando con fuerza la ropa.
-          ¿Qué te pasa? – Insistió Lucas acercándose a él y le tomó de la barbilla haciendo que le mirase de una forma algo brusca.
-          ¿Qué se supone que estás haciendo? – Se apartó de su mano sonrojado con el ceño fruncido – No, no sigas riéndote de mi por favor.
-          ¿Quién se está riendo de ti? – Lucas se volvió a acercar a él y le sujetó con una mano por la cintura. No pensaba que alguien le pudiera negar algo nunca, y ese chico le acababa de negar un beso.
Leo trató de zafarse de su mano, pero Lucas no estaba dispuesto a ceder ahora. Por mucho que Leo echase su cuerpo hacia atrás, no conseguía frenar a Lucas. Hasta que finalmente pegó la espalda a una pared evitando que siguiera huyendo de su cuerpo.
-          Dime – Susurró con sus labios a escasos centímetros de los de Leo.
-          No.
Fue solo un susurro lo que consiguió decir Leo antes de que los dos labios se volvieran a reencontrar. Lo que ahora sentía se estaba desenfrenando, no quería volver a perder el control. No quería volver a dejarse hacer.
Finalmente, Leo perdió la batalla contra si mismo.
Lucas se ajustó sus boxers otra vez quedando en pie frente a Leo, que ahora estaba exhausto recostado en el sofá. Leo miraba a  Lucas incrédulo. Otra vez había perdido ante Lucas. Parecía que conocía todas sus debilidades.
-          No me estoy riendo de ti – Dijo cogiendo una goma de pelo que llevaba en la muñeca y se recogió el pelo en una coleta baja, dejando solo un par de mechones caer por su frente hacia los lados – Y no me gusta que duden de mi palabra.
Leo se volvió a quedar sin habla. Le había sorprendido lo que había dicho, pero seguía sin tener confianza en lo que decía. En su interior se revolvía la duda de si era solo para humillarle. Se cubrió con las manos por el cuerpo mientras su cara se volvía a sonrojar.
Lucas no pudo retener una pequeña sonrisa al verlo de una forma tan indefensa. Nunca había conocido a nadie que transmitiera tanta ternura, como si hubiese sido una princesa de cuento. Tenía la necesidad de protegerlo.
<<Es eso >>.
De pronto, comprendió que era eso que le llamaba la atención de él. Podría no ser guapo, podría no ser el más inteligente, pero era puro. Todo lo que hacía era sin doble sentido, sus sentimientos lo impulsaban y Leo los dejaba fluir.
Lucas no se dio cuenta, pero él también se había quedado embobado mirando a Leo. Era la primera vez que él no había tenido el control de si mismo en situaciones así. Se sintió realmente extrañado, Leo había terminado por haber ejercicio algún tipo de control sobre él, y sin querer.
Se giró y volvió por la puerta de la que había salido. Leo le siguió con la mirada hasta que cerró la puerta tras de sí.
Se puso en pie y volvió a colocar su ropa interior. Se puso también su camiseta y pantalones aunque estos estaban algo rasgados.
<<Maldición>>.
No tenía ni idea de cómo iba a llegar ahora a clase, ni si quiera, cómo iba a salir de la casa. Estaba claro que con esa ropa no podía pisar la calle, todos sabrían que ha pasado algo con solo verle.
-          ¿Qué estás haciendo?
La voz de Lucas le sobresaltó a su espalda. Había salido de la habitación sin hacer ruido y ahora estaba cruzado de brazos, con una camisa blanca abrochada, una corbata negra y unos pantalones vaqueros que le sentaban bastante bien.
Leo estaba demasiado confuso como para contestar. Se le quedó mirando mientras que, involuntariamente, sus ojos y labios se contraían haciendo pucheros. La situación hacía ya un rato que le había sobrepasado.
-          ¿Eh? – Lucas abrió los ojos de par en par - ¿Qué te pasa?
Se acercó a él y le acarició la mejilla con una mano. Estaba siendo cariñoso, algo que no había hecho tampoco antes. Leo le estaba mostrando una forma de ver las cosas que hasta ahora no había conocido.
-          Has destrozado mi ropa – Susurra negando despacio y se sujetó la camiseta por los bordes cerrando los puños – No es tan cara como la tuya, pero, ¿ahora qué haré? Si salgo así, está claro que todos van a saber lo que a pasado.
-          ¿Te avergüenzas de lo que ha pasado? – Lucas alzó una ceja expectante por la respuesta del menor.
Leo, sin saber porque, empezaba a dudar de su respuesta. En un principio iba a decir que si. Pero pensándolo durante un par de segundos más, su respuesta no estaba clara. Desvió su mirada esquivando sus ojos y presionó los labios.
-          No lo sé – Terminó diciendo con la voz algo temblorosa – Eres un hombre, soy un hombre. Esto no está bien, no quiero que los demás lo sepan.
-          Vaya, tienes un razonamiento muy simple – Sacó de un bolsillo su paquete de cigarros y se puso uno en la boca – No estoy acostumbrado a no alardear de una de mis relaciones. Fiestas, firmas de libros – Se encogió de hombros mientras se encendía el cigarro y daba una calada echando el humo a un lado – Suelo llevar a mis parejas a toda clase de eventos. Pero si prefieres que no lo haga contigo.
Leo abrió los ojos de par en par. Alzó la mirada notando como sus mejillas se sonrojaban y una pequeña sonrisa luchaba por salir. No sabía si en verdad había oído bien, pero, había entendido que Lucas le había dicho que eran pareja.
-          ¿Eh?
Fue lo único que logró decir mientras parpadeaba varias veces algo desorientado. Tenía muchas preguntas que hacerle en ese momento. Tenía ganas de que le dijera que estaba pasando, que le explicara cosas de su cuerpo que él mismo no sabá. Pero no era capaz de articular palabra.
-          Esto va a ser nuevo para mi – Terminó riendo Lucas – No estoy acostumbrado a chicos tan dulces, inexpertos y callados – Pasó un dedo por sus labios abriéndole algo los labios.
-          Trataré de hablar más – Consiguió decir mientras se apartaba un poco de él mirando hacia abajo.
-          Eso espero – Volvió a dar una calada al cigarro y después echó un vistazo por su propia casa – Pero hay varias condiciones que tienes que cumplir para ser mi novio, y son, inamovibles.
-          ¿Qué condiciones?
Lucas apagó el cigarrillo en un cenicero de cristal que había sobre la mesa del salón. Luego se apartó uno de los mechones libres tras de la oreja y puso la mano en su propia cintura.

-          Las condiciones, o las normas, son lo que hace que el mundo gire – Se acercó a el y después miró por toda la casa – No estoy acostumbrado a vivir solo, así que, en este instante vas a mudarte a esta casa. No te preocupes por los gastos, ya que yo puedo ocuparme fácilmente de eso – Terminó sonriendo y le cogió con los dedos por la barbilla haciendo que le mirara – Te diría que no puedes traer a nadie a casa, pero dudo que lo hagas ya que no quieres que sepan que estás conmigo. Y no podrás acercarte a otros hombres, a menos que tengas mi permiso para ello.

martes, 19 de julio de 2016

Expediente Warren: El caso Enfield - Critica. Jorge Blaqui

Buenos días.

Como hace tiempo que no subo nada en opiniones, voy a tratar de hacerlo bien y dar mi completa opinión imparcial sobre una película que se estreno hace relativamente poco. Fuí al cine con Monica Pinku y los dos la vimos.

En primer lugar, antes de que empiece con las pequeñas críticas a la película, decir que la película en si me ha gustado mucho. Ya se sabe que ver una película de terror en el cine impacta muchísimo más que verla en la tele, pero esta película me gustaría también en la televisión.

Ahora las partes que, no es que no me gustaran, si no que el director/productor deberían cambiar como recursos futuros. Aclaro esto diciendo que es el mismo director que Insidious 1 y 2, James Wan.

Resulta, que hay escenas como "La Monja" al fondo del pasillo, que es de Insidious 1, al igual que es recurrente ese personaje, más bien el maquillaje y aspecto del mismo, con respecto a la "anciana" de estas películas.

También el aspecto de demonio u "Hombre Retorcido" que es similar al de "Jack Skeleton.

Decir que me parece un fallo enorme que lo anuncien como una precuela del primer Expediente Warren, pero que parte de la trama sea si Edwar Warren muere, sabiendo desde el principio que no se va a morir, es un pequeño fallo.

Por último, quiero decir que, la otra parte de la trama, que esté basado completamente en un caso real de los Warren, es un acierto. Además, me encantó también que, en los créditos pusieran las cintas originales del caso Warren, fue muy interesante.

Esta es toda mi opinión acerca de la película. A todos los que le gusten las películas de terror, os la recomiendo y espero que me deis vuestra opinión.

sábado, 2 de julio de 2016

Lo más común puede ser perfecto - Capítulo 1.JOVEN LEO.

Era un día normal como otro cualquiera. Leo era un chico de veintidós años,  pelo castaño y liso, ojos verdes, no muy alto, alguien que pasaba siempre desapercibido, sin nada especial. ya unos meses había llamado la atención de Lucas.

Lucas era profesor de literatura en la Universidad, que además de ser un escritor de gran éxito y muy popular por sus novelas, también lo era por su aspecto. Tenía el cabello largo, liso y muy fino, de un color castaño claro que recogía siempre hacia atrás en una coleta, sus ojos eran azules brillantes, alto, rasgos delicados pero a la vez masculino, en resumen, alguien muy llamativo.

Se conocieron cuando Leo estaba en la biblioteca. Él era estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones, no era muy buen alumno a pesar de que se esforzaba para sacar las asignaturas con la mejor nota posible, a pesar de que esta siempre era un cinco o un seis.

Ese día fue a las tres y media de la tarde a la biblioteca. Se puso al fondo en un asiento al lado de un enchufe a la corriente. Había sacado su portátil y había empezado a hacer ejercicios de programación. Por su mente pasaba una y otra vez la misma frase; “Esta vez voy a sacar un diez”.

La tarde fue trascurriendo mientras él seguía en su sitio haciendo un ejercicio tras otro. Cada vez que cometía un fallo lo apuntaba en su libreta para poder estudiarlos más tarde y no cometerlos en el examen, estaba muy concentrado en lo que hacía, por lo que no se había dado cuenta de que todo ese tiempo, alguien le había estado observando.

Lucas también había ido a la biblioteca esa misma tarde. No era su sitio favorito para leer, pero era un buen sitio para que nadie le molestara, al fondo de la biblioteca, dónde nadie llegaba nunca excepto en épocas de exámenes.

Lucas ya estaba en su sitio antes de que Leo llegara. Le sorprendió que alguien fuera a esa zona de la biblioteca, ya que no era lo más usual, así que se quedó durante unos segundos mirándole, analizando su aspecto y cómo, a diferencia de los demás, él ni si quiera había parado a fijarse en él. No es que se lo tuviese demasiado creído, pero sabía que era muy llamativo. El hecho de que no se hubiese dado cuenta de que la celebridad de la universidad estaba en la biblioteca tenía que significar o que era muy despistado, o que estaba muy concentrado.

Optó por la segunda opción, pues sin darse cuenta, el mismo había perdido la noción del tiempo simplemente observando cómo el joven se quedaba embobado frente a la pantalla de su ordenador, tecleando sin parar.

El reloj siguió avanzando, Leo cada vez estaba más inmerso en la pantalla de su ordenador y Lucas estaba cada vez más inmerso en aquel chico. Ya se había fijado en la forma peculiar que tenía de coger el bolígrafo al escribir con la mano derecha, apoyado en el dedo corazón y sujeto entre el pulgar y el índice. También se había fijado en cómo se mordía el labio inferior solo con una de las paletas cada vez que se equivocaba. Le gustaba ver como estiraba los hombros cada vez que terminaba uno de sus ejercicios, y la pequeña sonrisa que se le ponía en los labios cuando no tenía ningún fallo.

El reloj marcaba ya las once cuando Leo sintió las primeras punzadas en su estómago avisándole de que estaba vacío. Aunque Lucas hacía rato que había oído al estómago de Leo quejarse y simplemente estaba esperando el momento para acercarse.

Leo apagó el ordenador y se puso la mano en la tripa con los ojos entrecerrados. Reprimió un pequeño grito de alegría que luchaba por salir entre sus labios mientras echaba la cabeza hacía atrás. Había conseguido hacer todos los ejercicios que habían dado de programación y ahora sentía que estaba preparado para el examen. Se puso en pie y guardó el portátil en su pequeño maletín algo gastado. Justo entonces a su lado fue cuando advirtió la presencia de Lucas.

- Vaya no has parado en toda la tarde – La voz de Lucas sonó aterciopelada, suave y algo severa al mismo tiempo – Estaba pensando que una mente normal hubiese desistido a las tres primeras horas. Sin embargo, tú has aguantado siete horas y medias del tirón.


Leo se quedó mirándole atónito y algo cohibido. No se había percatado de la presencia de Lucas en ningún momento, y era  él quien ahora le imponía con solo estar a su lado.

No pudo evitar que su mirada se desviara hacia otro lado intentando huir de la de Lucas. No sabía quién era, pero si lo había visto alguna vez perseguido de un grupo de estudiantes de la universidad.
Para Lucas esa reacción no pasó desapercibida. Terminó por sonreír mientras miraba hacia los lados y sacaba de su mochila una bolsa de papel de la cafetería.

-      -  Hace un rato oí a tu estómago quejarse y me tomé la libertad de comprar algo para llevar en la cafetería – Dijo mientras se lo ofrecía – Además, la biblioteca hace horas que ha cerrado, así que solo estamos tú y yo – Hizo un pequeño gesto con la mano a forma de aprobación subiéndola y bajándola – También me tomé la libertad de decirle a los encargados que yo te echaría un ojo hasta que te fueras.

Leo se quedó inmóvil mientras le escuchaba, mirando fijamente la mano que le tendía la bolsa de papel. Sintió algo revolverse en su interior de los nervios ya que no solía ser muy bueno al hablar con personas desconocidas, e incluso a veces, tampoco hablando con conocidos.

-       -   Muchas gracias – Susurró y entonces levantó la mirada hasta que se cruzaron con los brillantes ojos azules de Lucas y tuvo que agacharla otra vez.

-        -   No hay de qué – Dijo Lucas acercando aún más la mano hacia él para que cogiera la bolsa.
Finalmente Leo cogió la bolsa y se quedó quieto mirando el interior sonriendo levemente. Era simplemente un bocadillo de tomate y jamón, pero este era su favorito. La sonrisa le salió sola al verlo y volvió a alzar la vista.

-         -  Muchisimas gracias – Dijo mientras cerraba la bolsa y cogía la cartera de su mochila – Se lo pagaré ahora mismo.

-         -  No te molestes – Le contestó Lucas mientras trataba de aguantar la risa – No ha sido ningún gasto para mí. Además, me conformo con saber tú nombre.

-         - ¿Mi nombre? – La voz de Leo susurró dubitativa mientras mantenía en la mano la cartera con él dinero. Era verdad que lo había visto muchas veces por el campus, pero no sabía porque un desconocido le iba a invitar a un bocadillo, aunque no fuera un gasto muy grande, era casi la mitad del dinero que él tenía para pasar el día – Mi nombre es Leo – Terminó afirmando mientras asentía despacio – Leonardo, pero no me gusta Leonardo, así que es simplemente Leo.
-         -  Así lo haré.

Lucas le dedicó una leve sonrisa y con una mano se echó un mechón de pelo que le caía por la cara hacia atrás. No podía apenas parpadear, la mirada esquiva de Leo lo tenía hechizado. Con la misma mano le tomó del mentón a Leo con delicadeza y le hizo alzar la mirada derecho a sus propios ojos.
-        -  ¿Ah? – Dijo Leo mientras desviaba la mirada hacía un lado.

Pero apenas tuvo tiempo para reaccionar. Lucas se había abalanzado hacia él y le estaba besando en los labios con los ojos cerrados haciéndole retroceder hasta que se pegó a una de las paredes mientras Leo se quedaba inmóvil con los ojos abiertos de par en par.

A Leo se le escaparon  las cosas de entre las manos y que cayeron al suelo. Se le había cortado la respiración. Lucas, por el contrario, hacía cada vez el beso más intenso pegando el cuerpo de Leo al suyo. Consiguió darle la vuelta sin separarse del beso y acarició con sus manos por su cintura acariciándola haciendo que finalmente Leo cerrara los ojos y se dejara llevar.

Pasaron un par de minutos hasta que Lucas se separó de Leo triunfante. Estaba sonriendo algo pícaro y se sentó en la mesa cruzando una pierna sobre la otra. Leo ahora estaba apoyado contra la pared con una mano sobre su boca tapándola con los ojos casi cerrados.

-        - ¿Por…por qué hizo eso? – Consiguió decir con apenas un hilo de voz.

-          - Porque tu cuerpo lo pedía – Susurró serio y se puso otra vez en pie tras de el colocando una mano en su pelo alborotándolo un poco – Además, veo que te ha gustado.

-         -  Pero… somos dos hombres – Se encogió sobre sí mismo cerrando los ojos al notar su mano, pero le tranquilizó. Sus manos parecían cálidas, le gustaba sentirlas.

-        -  Eso no es un problema Leo.

Apartó la mano de él y se agachó recogiendo la cartera y la bolsa con el bocadillo que estaba intacto. Tiró la bolsa a la basura y le ofreció la cartera.

-         -  Ya que no he podido invitarte a cenar – Hizo una pequeña pausa antes de respirar - ¿Te gustaría venir a casa para comer algo? Creo que ya no hay muchos autobuses. Aunque si lo prefieres puedo llevarte yo mismo a casa.

Leo se limitó a asentir. Recogió la cartera mirando hacia abajo sonrojado y la guardó en su mochila junto con sus demás cosas que había por la mesa. Luego Lucas  empezó a andar hacia la salida de la biblioteca y Leo le siguió de cerca. Salieron de la biblioteca, luego salieron de la universidad. Leo seguía un par de pasos más atrás a Lucas, que seguía andando seguro sabiendo que Leo le seguía.

Finalmente Lucas llegó a su porche gris y abrió la puerta del pasajero. Leo se quedó quieto mirándolo algo nervioso. Señaló el asiento, lo que hizo que Leo retrocediera. Después de haberle seguido, no sabía muy bien porqué, no sabía si debía entrar en el coche. Lucas, no estaba acostumbrado a que le dijeran que no, o a no hacer lo que el esperaba que hicieran.

Lucas frunció el ceño al ver que Leo retrocedía. Se acercó a él impaciente y le cogió con fuerza del brazo haciéndole entrar en el coche y poniéndole el cinturón. Leo iba a protestar, pero la mirada de él no daba opción a réplicas. Permaneció quieto mirando a su propio regazo.

Luchas ya no le preguntó a dónde iban a ir, ya había decidido que los dos iban a ir a su propia casa. Después de todo, ahora había llegado demasiado lejos como para perder la oportunidad que se le había presentado.

Leo siguió callado durante todo el viaje. No dejaba de darle vueltas la cabeza, habían pasado demasiadas cosas. Ahora estaba con Luchas, después de que le había besado. Después de que le había besado un hombre, el mismo era un hombre. No lograba entender como le había gustado lo que los dos habían compartido. Cada vez que recordaba la sensación que le produjo el beso de Lucas, se cara se ponía más y más roja.

Finalmente, Lucas pasó con el coche a un parking privado de uno de los edificios de apartamentos más caros de la ciudad. Condujo durante unos segundos más y aparcó en una plaza privada.
Leo miraba de un lado a otro observando el parking. Se notaba que era bastante caro, estaba muy limpio y decorado para ser un simple parking.

Lucas se bajó del coche nada más aparcar. Se fue a la puerta de Leo y al abrió. Primeramente le ofreció su mano derecha, mientras que con la izquierda sujetaba la puerta del coche.

Leo le miró con algo de timidez, sin saber porque su cuerpo entero se estremecía solo ante su mirada, y notaba como la sangre se agolpaba en sus mejillas.

-         -  Sal.

Lucas habló, pero esta vez era una orden, su tonó era fuerte y autoritario. Leo no lo dudó ni un momento, tan rápido como se lo permitió su cuerpo trató de salir del coche, olvidándose del cinturón. Trató de levantarse y se cayó hacia atrás en el asiento.

Lucas emitió una pequeña risa mientras sacudía la cabeza a los lados. Se inclinó un poco sobre Leo, acarició su cintura y le quitó el cinturón. Leo contuvo la respiración al tenerlo tan cerca, su corazón se había acelerado y su cuerpo se había tensado.


Lucas ya se había dado cuenta de cómo reaccionaba el cuerpo de Leo, y eso le daba algunas ventajas sobre él. Se preguntó así mismo porque alguien tan ordinario había llamado su atención. Se acercó otra vez a él y le empezó a besar de forma intensa cogiéndolo en brazos mientras andaba hacia el ascensor, disfrutando del sabor del pequeño, que torpemente comenzaba a corresponder a su beso.